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Muscípula

Dioá, coret del viento, del náeo sin música calcada del dejunio, sinónimo del momento situado en la puerta del melancólico flojo decidido al diferente tratar de cambiar la mosca para comer, para garatar las anerioridades como la de una tarde tras otras sencillas u otra entoces de idea del confiar en la lengua y el birrete del invito y luego el persuadido festón de perlas y festivales y musas y partidas de fatiga diciendo que ya es la buena para morder y empitonar en el cuello de cuyas persianas y codos y movimientos de cotidianas profundas plagas de telelés casi en el mismo peso del erradio promedio de juzgos y jugos de algo, de indefiniciones indeterminadas con la páglia en el peto del babón que frota los piratoides de la trampa de mojeras y muerte y bicarpios de centenarios casquetes de boda en forma de chaquetines y ya el compromiso oficial con los insolados a la pieza de casi un puzzle de rígulas y neveras y ventrescas de puntos de banderas y monólogos de mujer serena y segura del tiempo de conocer a la fiera sin enjuagues ni cascunos de buen extremo, y algo de piedra de forastera que canta anillas de espantada, de vez, de tal, de xenófobos de hetaclea mistigada por los cánticos de palacio y partes por dejar las dudas en el nombroso pasado, puro, de urlatorio y primitivo láxido a colopos de nuevos ataques regados del ánimo para bien, para los cienpiés de metal, de trapo, de loar la inmodestia que inspira la creciente frecuencia cardíaca medio en rampa, en tramposas circunstancias incapaces de dar el prestado que sobra del depende, hipotecando el hasta, el barro protector de vales griegos y carufas de maestros que enseñan a no ansiar lo que nunca se ha podido besar y sentir para el procreo del aspecto que da otra vez la bienvenida a la inquietud que aplaza las drogas para dormir y los diazepanes entre inquietudes desplumadas con manzanas de dudistas y evas desnudándose por la caza de plantares y tetas y tostones del tocho embrutecido por el redómado de otro espiral ladino de retombos y directamente gritos hacia noviembre para ingravitar los dirigentes de álfiles mortales abandonados por sus dos cachorros de arenilla y pavimento que ciñe a mayoría de partes en muchos lectores de la mayoría de mitejos nacientes de susurrado ruido de abeja y control de cada atrás desenfrenado sin recuperar la conexión de los neurotransmisores. 

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